
La ceremonia anual del fuego comenzó en 1986, en las playas de San Francisco, California. Después de cuatro años, y debido a la intervención de la policía, debió trasladarse al norte de Nevada, en medio del desierto, donde desde entonces se celebra el Burning Man Festival. Pero, ¿qué es este Festival del Hombre en Llamas?
La página web oficial nos lo advierte: “Tratar de explicarlo a alguien que nunca ha participado es como explicar a una persona no vidente cómo es un color particular”. De todos modos lo intentamos. Se trata de un evento anual que dura una semana y que se podría definir como un experimento de arte (en su sentido más amplio) en comunidad. De hecho, no hay reglas específicas, sino que cada participante decide cómo contribuir y qué ofrecer a la comunidad, teniendo siempre en cuenta que el arte es parte inevitable de esta experiencia.
Con temperaturas que superan los 40º, en el basamento de lo que fue un antiguo lago, durante una semana late un pueblo bullicioso donde el arte, la expresión y el diseño se alimentan mutuamente. Ya que, a priori, ninguno de los asistentes es espectador, todos los que concurren lo hacen para crear. He ahí uno de los atractivos de este festival, que para no caer en la anarquía, cada año propone un tema sobre el cual girarán las propuestas.
Para la edición 2010, del 30 de agosto al 6 de septiembre, el tema es la “Metrópolis”, con la intención de “examinar el rumbo de la vida en la ciudad y sus posibilidades futuras”, así como promocionar el debate sobre el diseño urbano y su impacto cultural.
El sábado por la noche, día en que históricamente termina el festival, se cumple el rito que da nombre al evento. Como forma de celebración se quema al gran hombre de madera, que durante una semana ha presidido las libres e innovadoras formas de arte, diseño y comunidad.
Una vez finalizado el festival, no quedan huellas. La basura y los residuos vuelven con cada uno. Todo lo construido se desmantela. La negra roca del desierto regresa a su condición original. Sin embargo los asistentes, dicen, ya no son los mismos después de dicha epifanía.
Ya nos lo advirtieron, explicarlo es difícil. Para darnos una idea más cercana, entonces, podemos observar la galería de imágenes en sus diversas categorías. Quizás así entendamos lo que realmente arde, cada año, en ese desierto.